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Estudio # 2: Apocalipsis 5

El presente capítulo tiene como tema central a Jesucristo redentor, al Cordero inmolado por los pecados del mundo. Ya no se trata de la adoración a Dios creador, que era el argumento del capítulo 4, sino de Cristo glorioso, vencedor por su pasión y muerte redentora. En sus manos pone el Padre Eterno los destinos futuros de la humanidad. El llevará a efecto los planes divinos, luchando contra las fuerzas adversas de su Iglesia, y logrando el triunfo definitivo sobre el mal. Al recibir el Cordero la suprema investidura de manos del Padre, todas las criaturas — representadas por los cuatro vivientes, los veinticuatro ancianos y las miríadas de ángeles — prorrumpen en himnos de alabanza y de adoración.

The opening of the sealed scroll (REV. 5:5-14)Verso 1: Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

“Un libro escrito”: Es como un pergamino o rollo. En el mundo antiguo, hasta el siglo II d C., la forma en que se presentaba un escrito era el rollo, no el códice o libro tan como lo conocemos nosotros actualmente. El rollo se hacía de papiro, que se fabricaba en hojas de 20 x 14 cm. que se unían horizontalmente hasta alcanzar la longitud necesitada. Se escribía en columnas estrechas de unos diez centímetros con márgenes casi iguales por arriba y por abajo y unos tres centímetros entre las columnas. Era corriente cuando el rollo era extenso que se enrollara en dos rollizos de madera por cada extremo. Se sostenía en la mano izquierda, y se iba enrollando en uno de los palos y desenrollando en el otro a medida que se leía o para buscar la página deseada. Podemos hacernos una idea de la longitud de un rollo por las siguientes estadísticas. Segunda y Tercera de Juan, Judas y Filemón no ocuparían más que una hoja de papiro; Romanos requeriría un rollo de 4 metros de largo; Marcos, de 6 metros; Juan, de 8; Mateo, de 10, y Lucas y Hechos de 11. Apocalipsis ocuparía un rollo de unos 5 metros. Un rollo así sería el que vio Juan en la mano de Dios; y tenía dos características:

  1. Estaba escrito por delante y por detrás, es decir, por las dos caras. Esto era muy raro en el mundo antiguo debido a la dificultad de escribir al reverso de un papiro, aunque ya se menciona en Ez. 2:8-10 y en Zac. 5:3. Simboliza control total y completo de Dios sobre la historia y el destino humano.
  2. Estaba sellado con siete sellos. Cuando se acababa un rollo, se ataba con guitas y se sellaban los nudos. El único documento ordinario que se sellaba con siete sellos era el testamento. Según el derecho romano, los siete testigos del testamento lo sellaban con sus sellos, y solo se podía abrir cuando los siete, o sus representantes legales, estaban presentes. El rollo puede que fuera lo que podríamos llamar el testamento de Dios, Su última voluntad sobre los asuntos del universo. Es más probable que los siete sellos representen sencillamente un profundo secreto.

El contenido del rollo era tan secreto que estaba sellado con siete sellos. En el libro sellado -el libro de los decretos de la redención-, aparecen los juicios y acontecimientos del fin para destruir la resistencia de Satanás, para que así Cristo tome posesión de la tierra y reine durante el milenio como “Rey de reyes y Señor de señores”. El libro sellado es como el título de propiedad de la tierra, herencia perdida que Cristo va a recobrar para el hombre.
En el AT estaba en vigor la ley de redención. Ejemplos: si una esposa quedaba sin hijos al morir su esposo, un hermano del difunto o un pariente cercano que pudiera y quisiera, podía redimirla, esto es, tomarla por esposa, para que al tener hijos, perpetuara el nombre del fallecido. Rut 4:1-12.
Si un israelita, por ser pobre, se endeudaba y no podía pagar, tenía que pagar la deuda con trabajo, quedaba como esclavo por el número de años que fuera necesario hasta pagar; pero si un hermano o pariente cercano que pudiera y que quisiera pagaba la deuda o el balance de la deuda, lo podía redimir y así recobraba su libertad.
También podía ser redimida la tierra que su dueño perdiere por deuda o aún por venta. La venta a perpetuidad no era permitida. Un hermano o pariente cercano por la ley de redención podía pagar la deuda o volver a comprar la tierra y devolverla a su dueño original.
Todas estas operaciones se escribían cuidadosamente en rollos que eran sellados y conservados. Jer. 32: 7-14.
Cuando el primer Adán desobedeció a Dios, perdió su espíritu, su alma, su cuerpo y su tierra. Su espíritu murió en delitos y pecados. Su alma se corrompió en el pecado. Su cuerpo enferma, muere y vuelve al polvo. Su tierra la hipotecó a Satanás y perdió el señorío de la misma y éste último se convirtió en el príncipe de este mundo y el dios de este mundo. (Jn. 14:30; 16:11; 2 Cor. 4:4).
Pero cuando vino el poster Adán, nuestro Hermano Mayor y Pariente Cercano, con su sangre preciosa pagó el precio de nuestro rescate, de nuestra redención, y cuando creemos, recobramos nuestro espíritu, pues nos da vida. Recobramos nuestra alma, pues somos salvos y hechos nuevas criaturas. Recobramos nuestra salud pues por sus heridas fuimos curados, y también recobramos nuestra tierra, pues también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción. Rom. 8:21.
En su crucifixión Cristo llevó el pecado del hombre, anuló los planes satánicos en contra del hombre, despojó a Satanás de su presa, de su botín (Is. 49:14-29) y triunfó plenamente (Col. 2:13-15); en su muerte pagó la sentencia de muerte que pesaba sobre el hombre, desarmó al diablo, destruyó su imperio de muerte y nos libró de la muerte eterna. (He. 2:14-15); en su resurrección convalidó su obra redentora y libertadora y le fue dado toda potestad en el cielo (ángeles) y en la tierra (hombres) y debajo de la tierra (demonios)” (Mt. 28:18; Fil. 2:10), para que el hombre pueda ser hecho hijo de Dios (Jn. 1:12), y en su tiempo hará efectiva y operante la redención de la creación. Ap. 10:1-2.
En todo este plan de redención queda por cumplirse la resurrección del cuerpo, lo cual sucederá al momento del levantamiento de la iglesia, y la toma de posesión de la tierra por parte de Cristo en representación del hombre. Ap. 10:1-6.
El precio de la redención ya está pagado y la posesión de la tierra por Cristo ya está decretada, pero Satanás no va a entregar voluntariamente, él hace y hará mayor resistencia. Previendo esto fue que Satanás en la tentación a Cristo le ofreció todos los reinos del mundo y la gloria de ellos si le adoraba. Cristo rechazó la oferta, pero en buena lid le arrebató todo eso y más a Satanás, y tomará posesión de su segunda venida a este mundo.

Versos 2-3: Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

“un ángel fuerte”: La identidad de este ángel es incierta, pero podría referirse al ángel Gabriel, cuyo nombre significa fortaleza de Dios. Cuando Juan estaba mirando a Dios con el rollo en la mano se presentó un ángel imponente para lanzar un gran desafío. El ángel tenía que ser extraordinario para que el desafío de su voz llegara hasta los últimos confines del universo. Citaba a que se presentara para abrir el libro a cualquiera que fuera capaz de acometer la empresa.
¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?: La palabra digno viene del término griego que significa merecedor, comparable o apropiado (como atrayendo alabanza).
Ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra: Expresión bíblica común que denota el universo entero. Nadie posee la dignidad suficiente para atreverse a escudriñar los destinos futuros de la humanidad. No hay ningún ángel en el cielo, ningún hombre en la tierra, ningún difunto en el hades que pueda arrogarse tal dignidad. Sólo Cristo, redentor y mediador de los hombres, posee los títulos suficientes para llevar a cabo semejante empresa. El hecho de no encontrar a nadie en el universo capaz de desligar los sellos sirve para demostrar la alta dignidad del único digno de realizar esta hazaña.

Versos 4-5: Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Lloraba: Al momento de Juan recibir la visión y no aparecer quien abriera el libro, Juan lloraba mucho, pero en el tiempo y momento real de la apertura del libro, cuando la iglesia ya haya sido levantada al cielo evidentemente sabrá quién es digno de abrir el libro.
El apóstol ante aquel silencio de toda la creación, prorrumpe en llanto, porque comprende cuál es el contenido del rollo. Y piensa que no será posible conocer la revelación de aquel libro misterioso, y, en consecuencia, tampoco tendrá la alegría de contemplar el triunfo final del reino de Dios y de su Iglesia sobre los poderes del mal.
Swete hace aquí un buen comentario. Juan estaba llorando, y sin embargo sus lágrimas eran innecesarias. El dolor humano muchas veces brota de un conocimiento insuficiente. Si fuéramos pacientes y confiados, veríamos que Dios tiene Sus propias soluciones para las situaciones que nos producen lágrimas.
Un anciano… dijo”: El anciano afirma claramente que sólo Cristo es capaz de soltar los sellos. Pero lo hace con lenguaje figurado, inspirado en diversos pasajes del Antiguo Testamento.

  1. Jesús es el León de la tribu de Judá. Este título se remonta a la bendición que dio Jacob antes de morir a sus hijos. En esa bendición llama a Judá «cachorro de león» Ge. 49:9). Si el mismo Judá era un cachorro de león, es apropiado llamar al supremo miembro de su tribu El León de Judá. La fuerza del león y su indiscutible posición como rey de los animales le hacía ser el emblema apropiado del todopoderoso Mesías que esperaban los judíos.
  2. Jesús es la Raíz de David. Este título se remonta a la profecía de Isaías de que saldría un vástago del tronco de Isaí, y una raíz de Isaí sería una enseñanza para el pueblo Is. 11:1, 10). Isaí fue el padre de David, lo que quiere decir que Jesucristo fue el Hijo de David, el Mesías prometido. Pues bien, es el León de Judá y el Vástago de la raza de David el que ha vencido las fuerzas siniestras del mal, simbolizadas por el dragón infernal. El ha sido el que ha triunfado, mediante su pasión y resurrección, del pecado y de la muerte. Por eso El será el único digno y capaz de abrir el libro de los siete sellos. Así es que aquí tenemos dos grandes títulos que son típicamente judíos. Tienen su origen en los anuncios del Mesías por venir; y establecen que Jesucristo realizó victoriosamente la labor del Mesías y está, por tanto, capacitado para conocer y revelar los secretos de Dios, y para presidir la realización de Sus propósitos en los acontecimientos de la historia.

“Ha vencido”: Cristo a vencido:

  • Al humanarse
  • En la tentación
  • En el anonimato
  • En la popularidad
  • En la oposición
  • En su ministerio
  • En su arresto, juicio y sentencia.
  • En la cruz
  • En la vida
  • En la muerte
  • Y por sobre todo en su resurrección.

Versos 6-7: Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Este es el momento supremo de la visión: la presentación del Cordero en la escena del Cielo.
“cuatro seres vivientes”: Representación de la creación
“los ancianos”: Representación de la iglesia en su totalidad
“Estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos”: El Cordero es una de las grandes ideas características del Apocalipsis, que llama así a Jesucristo no menos de veintinueve veces. La palabra que usa para cordero no se usa en ningún otro libro del Nuevo Testamento con referencia a Jesucristo. Juan el Bautista le señaló como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29, 36). Pedro habla de la sangre preciosa de Cristo como la de un Cordero sin mancha ni contaminación (1Pe. 1:19). En Is. 53:7, el capítulo tan querido para Jesús y para la Iglesia primitiva, leemos de un Cordero llevado al matadero.

  1. El Cordero tiene todavía las señales de haber sido sacrificado. Estaba inmolado. (Griego: sfázo que significa matar (específicamente un animal para alimento o en sacrificio) o de manera general masacrar, o mutilar (violentamente). Sinónimos: herir, inmolar, matar.) Ahí tenemos la imagen del sacrificio de Cristo, todavía visible en los lugares celestiales, donde Jesucristo es el que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.
  2. Esto tiene otro lado. Este mismo Cordero, todavía con las señales de haber sido sacrificado, es el Cordero de los siete cuernos y los siete ojos.
    1. Los siete cuernos representan la omnipotencia. En el Antiguo Testamento el cuerno simboliza dos cosas.
      1. Primero, representa poder. En la bendición de Moisés, los cuernos de José son como los de un búfalo, con los que acorneará a todos los pueblos hasta los confines de la tierra (Dt. 33:17). El profeta Sedequías se hizo cuernos de hierro para anunciar la victoria sobre los sirios (1 Re. 22: 2). Se advierte a los malvados que no levanten el cuerno (Sal. 75:4). Zacarías ve en visión los cuatro cuernos que representan las naciones que han diseminado a Israel (Zac. 1:18).
      2. Segundo, representa honor. El salmista expresa su confianza en que Dios en Su buena voluntad ensalzará nuestro cuerno (Sal. 89:17). El cuerno del bueno será ensalzado en gloria (Sal. 112:9). Dios ensalzó el cuerno de Su pueblo (Sal. 148:14).Aquí tenemos una gran paradoja: el Cordero lleva las heridas sacrificiales; pero al mismo tiempo está revestido del poder del mismo Dios para desbaratar a Sus enemigos El Cordero tenía siete cuernos; el número siete representa la perfección; el poder del Cordero es perfecto más allá de toda resistencia.
    2. El Cordero tiene siete ojos, que representan a los Espíritus de Dios enviados por toda la Tierra. El antecedente se encuentra en Zacarías, donde el profeta ve las siete lámparas que son ” los ojos del Señor, que recorren toda la Tierra” (Zac. 4:2, 10). Es una figura misteriosa, pero está claro que representa la omnipotencia de Dios. De forma casi inquietante dice que no hay lugar de la Tierra que esté oculto a la mirada de Dios.

Aquí tenemos una presentación impresionante de Cristo como el cumplimiento de todas las esperanzas y los sueños de Israel, porque es el León de la tribu de Judá y la Raíz de David; es el único cuyo sacrificio se aplica a toda la humanidad, porque sigue llevando sus marcas en los lugares celestiales. Pero la tragedia se convirtió en victoria, y la vergüenza en gloria; y Él es el único cuyo poder todo-conquistador es irresistible, y cuya mirada escrutadora es inescapable.
Pocos pasajes de la Sagrada Escritura muestran tan bien al mismo tiempo lo que llama Swete “la majestad y la mansedumbre” de Jesucristo, y combinan en el mismo cuadro la humillación de Su muerte y la gloria de Su Resurrección.

Versos 8-14: Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Es necesario leer este pasaje en conjunto antes de empezar a estudiarlo en detalle. R. H. Charles cita a Christina Rossetti: “El Cielo se le revela a la Tierra como la patria de la música.» Aquí tenemos el más impresionante coro de alabanza que escuchará jamás el universo.
Llega en tres oleadas.

  1. Primero está la alabanza de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos. Aquí vemos a la Naturaleza y a la Iglesia unidas en la alabanza del Cordero.
  2. Luego se produce la alabanza de las miríadas de ángeles. Aquí tenemos a todos los habitantes del Cielo elevando sus voces en alabanza.
  3. Y después, Juan ve a toda la creación, en todo el universo, desde su más profunda sima hasta su más remoto confín, cantando alabanzas.

Aquí vemos que el Cielo y la Tierra y todo lo que hay en ellos está diseñado para alabar a Jesucristo; y se nos otorga el privilegio de unir nuestras voces y vidas a este coro de alabanza, que estará incompleto mientras falte en él una sola voz.

La primera sección del coro de alabanza es el himno de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos; que, como ya hemos visto, representan respectivamente todo lo que hay en la Naturaleza y en la Iglesia universal.
La figura de los ancianos es interesante.

  1. Tienen arpas. El arpa era el instrumento tradicional para cantar los Salmos. (Sal. 33:2; 98:5; 147:7). El arpa representa la música de alabanza tal como la conocían los judíos.
  2. Los ancianos tenían también copas de oro llenas de incienso; y el incienso representa las oraciones de los que están consagrados a Dios. El comparar las oraciones con el incienso procede también de los Salmos (Sal. 141:2).

El himno que cantaron los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos era un himno nuevo. La frase un cántico nuevo aparece con frecuencia en los Salmos; y hay siempre un cántico nuevo para las misericordias nuevas de Dios. (Sal. 33:3; 40:3; 98:1; cp. 96:1; Sal. 144:9; 149:1). El paralelo más próximo en el Antiguo Testamento se encuentra en Isaías. Allí Dios anuncia cosas nuevas, y el profeta llama a las personas a cantar al Señor un nuevo cántico (Is. 42:9s).
Un himno nuevo siempre tiene por tema las nuevas misericordias de Dios; y el más noble será el que cante las misericordias de Dios en Jesucristo.
Una de las características del Apocalipsis es que es un libro acerca de cosas nuevas. Hay un nombre nuevo (2:17; 3:12); una nueva Jerusalén (3:12; 21:2); un cántico nuevo (5:9; 14:3); Nuevos cielos y nueva tierra (21:1); y la gran promesa de que Dios hace todas las cosas nuevas (21:5).
Hay aquí algo muy significativo. En griego hay dos palabras para nuevo: néos, que quiere decir nuevo en cuanto al tiempo, y kainós, que quiere decir nuevo en cuanto a la calidad.
Lo significativo acerca de esto es que Jesucristo trae a la vida una cualidad que no había existido nunca, un gozo nuevo, una emoción nueva, nueva fuerza y nueva paz. Por eso es por lo que la vida cristiana es una vida resplandeciente. Se ha dicho que «lo contrario del mundo cristiano es un mundo que se ha vuelto viejo y triste.»

Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos alaban al Cordero porque murió. En este himno se resumen los resultados de la muerte de Jesucristo.

  1. Fue una muerte sacrificial; es decir: con un propósito. No fue un accidente de la Historia; ni tampoco la muerte trágica de un hombre bueno y heroico por causa de la justicia y de Dios; fue una muerte sacrificial. La finalidad del sacrificio era restaurar la relación perdida entre Dios y el hombre; y fue con ese propósito, y con ese resultado, como murió Jesucristo.
  2. La muerte de Jesucristo fue emancipadora. El Nuevo Testamento está lleno de principio a fin de la idea de la liberación de la humanidad que Él logró. Jesucristo dio Su vida en rescate (lytron) por muchos (Mr. 10:45). Él Se dio a Sí mismo en rescate (antílytron) por todos (1 Ti. 2:6). Él nos redimió -literalmente, nos compró fuera de (exagorázein) de la maldición de la Ley (Gal. 3:13). Somos redimidos (lytrústhai) no por dinero humano sino por la sangre preciosa de Jesucristo (1Pe. 1:19). Jesucristo es el Señor Que nos compró (agorázein) (2Pe. 2:1). Hemos sido comprados por precio (agorázein) (1Co. 6:20; 7:23). El Nuevo Testamento declara consecuentemente que costó la muerte de Jesucristo el rescatar a la humanidad del dilema y la esclavitud en que la había sumido el pecado. El Nuevo Testamento no tiene una teoría «oficial» sobre cómo se llevó a cabo ese efecto; pero no deja la menor duda de que se llevó a efecto.
  3. La muerte de Jesucristo fue universal en sus beneficios. Él murió por todos los hombres y todas las mujeres de todas las razas. Hubo un tiempo en que los judíos creían que Dios no se preocupaba nada más que de ellos y no quería nada más que la destrucción de los otros pueblos. Pero en Jesucristo conocemos a un Dios que ama a todo el mundo. La muerte de Cristo fue por todas las personas; y, por tanto, la Iglesia tiene la tarea de decírselo a todo el mundo.
  4. La muerte de Jesucristo fue efectiva. Él no murió inútilmente. En este himno se especifican tres aspectos de la Obra de Cristo.
    1. Él nos hizo reyes. Abrió a los seres humanos la realeza de hijos de Dios.
    2. Nos hizo sacerdotes. En el mundo antiguo los sacerdotes eran los únicos que tenían derecho de acceso a Dios. Cuando entraba un judío normal y corriente en el Templo podía atravesar el Atrio de los Gentiles, el Atrio de las Mujeres, y entrar en el Atrio de Israel; pero ya no podía entrar en el Atrio de los Sacerdotes. Pero Jesucristo abrió a todos los hombres el camino de acceso a Dios: cualquier persona llega a ser un sacerdote en el sentido de que tiene derecho de acceso a la presencia de Dios.
    3. Nos dio victoria. Su pueblo reinará sobre la tierra. Este no es un triunfo político ni un señorío material, sino el secreto de la vida victoriosa en cualesquiera circunstancias. “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad: Yo he vencido al mundo» (Jn. 16:33). En Cristo hay victoria sobre el yo, sobre las circunstancias y sobre el pecado.

Los innumerables ejércitos de los ángeles entran aquí en el coro de la alabanza.
El himno de los seres vivientes y de los ancianos hablaba de la obra de Cristo y de Su muerte; ahora cantan los ángeles de las posesiones de Cristo en Su gloria. Hay siete grandes posesiones que pertenecen al Señor Resucitado:

  1. A Él Le pertenece el poder. Pablo llama a Jesús «Cristo, el Poder de Dios» (1Co. 1:24). Él no es alguien que haga planes irrealizables; Suyo en el poder. Podemos decir triunfalmente: «¡Él puede!»
  2. Suya es la riqueza. ” Aunque era rico, Se hizo pobre por amor a vosotros» (2Co. 8:9). Pablo habla de ” las inescrutables riquezas de Cristo» (Ef. 3:8). No hay promesa que Él no tenga los recursos para cumplir.
  3. Suya es la sabiduría. Pablo llama a Cristo «la sabiduría de Dios» (1Co. 1:24). Él tiene la sabiduría para conocer los secretos de Dios y la solución de los problemas de la vida.
  4. Suya es la fuerza. Cristo es el Fuerte que puede desarmar al mal y despojarlo de su poder (Lc. 11:22). No hay problema que Él no pueda resolver.
  5. Suyo es el honor. Se acerca el día en que a Él se doblará toda rodilla, y toda lengua le confesará Señor (Fil. 2:11). Hasta los que no son cristianos honran a menudo a Cristo admitiendo que está en su enseñanza la única esperanza para este mundo desquiciado.
  6. Suya es la gloria. Como dice Juan: «Nosotros vimos Su gloria, la gloria que recibe de Su Padre un Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Jn. 1:14). La gloria es algo que Le pertenece a Dios por derecho exclusivo. Decir que Jesucristo posee la gloria es decir que es divino.
  7. Suya es la bendición. Aquí llegamos al clímax inevitable de todo lo anterior. Jesucristo posee todas estas cosas, y usa cada una de ellas para servir a la humanidad por la que vivió y murió cuando Se encarnó; no se las reserva para Sí.

Por tanto, surge hacia Él de todos los redimidos un himno de acción de gracias por todo lo que ha hecho. Esa acción de gracias es lo único que Le podemos dar nosotros.

Ahora el coro de alabanza llega tan lejos que ya no puede llegar más, porque alcanza a todo el universo y a la totalidad de la creación. Hay un himno universal de alabanza al Cordero. Notemos una cosa muy significativa: en este coro de alabanza Dios y el Cordero están juntos. No se podía mostrar mejor la altura de la concepción que tiene Juan de Jesucristo. En la alabanza de la creación Le asocia con el mismo Dios.
En el mismo himno debemos notar que las criaturas que están en el Cielo aportan su alabanza. ¿Quiénes son? Se han propuesto varias respuestas, todas encantadoras a su manera. Se ha sugerido que se hace referencia a las aves del aire; el mismo canto de las aves es un himno de alabanza. Se ha sugerido que se refiere al Sol, la Luna y las estrellas; los cuerpos celestes alaban a Dios con su fulgor. Se ha sugerido que la frase reúne a todos los seres que están en el Cielo: los seres vivientes, los ancianos, las miríadas de ángeles y todos los otros seres celestiales.
El cuadro que se nos presenta incluye a toda la Naturaleza alabando a Dios. Hay en la Escritura muchos ejemplos magníficos de Salmos e himnos en los que se presenta a toda la creación alabando a Dios, como el Salmo 148.

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Comentarios en: "Estudio # 2: Apocalipsis 5" (6)

  1. Que tremenda y profunda enseñanza muchas bendiciones querido consiervo, que el señor le conceda aun mas sabiduría y conocimiento para seguir perfeccionando ala iglesia del señor.

  2. verdaderamente doy gracias a Dios por un ser tan maravilloso como usted; Que Dios le bendiga y le guarde por siempre

  3. Muy bueno… bendiciones

  4. El evangelio es Poder de Dios y esa enseñanza es poderosisima amado hermano Te Bendigo en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo

  5. onelia morales dijo:

    Bendigo a Dios su omniciencia su omnipotencia su omnipresencia, que grande eres Señor. Que maravilla de estudio biblico

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